Resumen
Una motivación recurrente para importar la teoría cuántica a la psiquiatría y a la neurociencia clínica relacionada es la afirmación de que las descripciones computacionales/neurobiológicas estándar dejan las características fundamentales de la subjetividad insuficientemente explicadas, incluyendo que “el mecanismo por el cual el cerebro genera pensamientos y sentimientos permanece desconocido” y que “el cálculo por sí solo no puede explicar por qué tenemos sentimientos, conciencia y ‘vida interior’.”[1] En este contexto, diversos autores argumentan que “las características de la conciencia difíciles de entender en términos de la neurociencia convencional han evocado la aplicación de la teoría cuántica”, posicionando los modelos cuánticos como intentos de dar cuenta de la conciencia, la agencia y fenómenos clínicos relacionados, como la pérdida de conciencia inducida por la anestesia.[2, 3]
A lo largo de la literatura aquí representada, lo “cuántico” entra en la psiquiatría de (al menos) dos formas distintas: (i) hipótesis mecánicas que proponen estados no clásicos instanciados biológicamente (por ejemplo, coherencia de microtúbulos y modelos de colapso objetivo), y (ii) marcos matemáticos formales (probabilidad cuántica / modelos de espacio de Hilbert) utilizados para representar patrones contextuales, ambiguos o no clásicos en la cognición y la psicopatología.[4] Algunas fuentes abogan explícitamente por este movimiento por razones translacionales, argumentando a favor de una “posible vía para integrar la neurociencia experimental con modelos cuánticos con el fin de abordar cuestiones pendientes en psicopatología”, y proponiendo también una “fundamentación de la enfermedad psiquiátrica” en fenómenos microfísicos cuánticos.[1, 5]
Orch-OR
La Reducción Objetiva Orquestada (Orch-OR) es la teoría de la conciencia cuántica más desarrollada y citada con mayor frecuencia en este conjunto de datos, y se presenta repetidamente como directamente relevante para los fenómenos de la conciencia controlables clínicamente (especialmente la anestesia general) y, de manera más especulativa, para las enfermedades psiquiátricas a través de anomalías en los microtúbulos/citoesqueleto y dominios de síntomas relacionados con la conciencia.[6–8]
Propuesta central
La afirmación central de Orch-OR es que la “conciencia” es atribuible a “computaciones cuánticas en microtúbulos dentro de las neuronas cerebrales”, en lugar de surgir únicamente del procesamiento de información a nivel sináptico o de red.[6, 7] Dentro de este marco, los estados de los microtúbulos se tratan como superposiciones tipo qubit que pueden “unirse por entrelazamiento... hasta la reducción, o ‘colapso’ a estados de salida definidos”, y el relato de Orch-OR enfatiza que las oscilaciones de los microtúbulos “se entrelazan, computan y terminan (‘colapso de la función de onda’) mediante la reducción objetiva de Penrose (‘OR’).”[6, 7]
Una característica distintiva es la postura de colapso objetivo de Penrose: “En lugar de que la conciencia cause el colapso/reducción, Penrose propuso que el colapso/reducción ocurría espontáneamente”, con el colapso vinculado a una propiedad del universo conectada con la (‘proto-’)conciencia.[9] Formulaciones relacionadas describen la OR como una “nueva física de reducción objetiva... [apelando] a una forma de gravedad cuántica”, y definen los momentos conscientes como aquellos que ocurren cuando la superposición coherente persiste hasta que se alcanza un “umbral objetivo... relacionado con la gravedad cuántica”, momento en el cual el sistema “se autorreduce (reducción objetiva: OR).”[10]
En varios textos de Orch-OR, estos eventos de reducción están explícitamente discretizados y conectados con la temporización psicofísica: las computaciones cuánticas se describen como “eventos discretos de aproximadamente 25 msec de duración (acoplados a la sincronía gamma del EEG)... que culminan en un momento consciente (por ejemplo, a 40 Hz).”[3] Una declaración estrechamente alineada describe Orch-OR como la identificación de “momentos conscientes discretos” con computaciones cuánticas en microtúbulos “40/s en concierto con la sincronía gamma del EEG.”[11]
Orquestación y MAPs
La “orquestación” de Orch-OR se atribuye comúnmente al control biológico sobre la dinámica cuántica, especialmente a través de las proteínas asociadas a microtúbulos (MAPs).[12] Múltiples fuentes proponen que las uniones de las MAPs “sintonizan” las oscilaciones cuánticas de los microtúbulos y “orquestan” los posibles resultados del colapso, moldeando así qué “estados de resultado” clásicos de la tubulin se realizan y cómo implementan las funciones neurofisiológicas tras la reducción.[12, 13]
Evidencia y predicciones
Una motivación empírica central en la literatura de Orch-OR es la anestesia, con afirmaciones de que los anestésicos “borran selectivamente la conciencia mediante interacciones cuánticas dentro de los microtúbulos”, vinculando un fenómeno clínico controlable con un mecanismo específico a escala de microtúbulos.[6] Formulaciones relacionadas proponen una predicción comprobable: “Una correlación entre la atenuación por anestésicos de los latidos cuánticos en los microtúbulos y la potencia clínica anestésica validaría a ‘Orch’ como un correlato (sub-)neural de la conciencia.”[6] Un destacado artículo de Orch-OR trata explícitamente esta predicción como potencialmente falsable: “Si no se encuentra interferencia cuántica en la tubulin/microtúbulos, o si se encuentra pero no es atenuada por los anestésicos, entonces Orch (y Orch OR) serían falsados.”[7]
Varias fuentes también señalan los efectos cuánticos en microtúbulos a temperatura ambiente como antecedentes empíricos relevantes, afirmando que “los experimentos han demostrado ahora efectos cuánticos no triviales en MTs a temperatura ambiente.”[14] Se describe que trabajos más recientes sugieren un transporte cuántico-óptico más allá de las expectativas clásicas, informando que “la propagación de excitones inducida por ultravioleta a través de microtúbulos superó las expectativas clásicas... sugiriendo un efecto óptico cuántico.”[15]
En el lado neurofisiológico, Orch-OR se discute a menudo junto con la sincronía en la banda gamma y la pérdida de coherencia gamma inducida por la anestesia: la pérdida de conciencia durante la anestesia general se describe como una “desaparición de la coherencia gamma frontal-posterior en el EEG” que regresa al despertar.[3] Otro puente propuesto desde la dinámica a escala de microtúbulos hasta el EEG es la hipótesis de las “frecuencias de batido”, introducida como “una posible fuente de los correlatos... de la conciencia observados en el EEG.”[16]
Una extensión adicional de inclinación empírica utiliza el ultrasonido transcraneal (TUS) como un posible modulador de la dinámica a escala de microtúbulos, informando un hallazgo piloto de que la aplicación de “8 megahertz... en la sien... encontró una mejora del estado de ánimo durante 40 minutos después del ultrasonido.”[17] El mismo relato sugiere trabajos de seguimiento y propone objetivos clínicos para ensayos de TUS, nombrando explícitamente el “PTSD” y la “depresión” entre las aplicaciones sugeridas.[17]
Finalmente, un relato asociado a Orch-OR extiende explícitamente los “canales cuánticos” de los microtúbulos a los fármacos psicoactivos, afirmando que “las drogas psicodélicas... pueden unirse en canales cuánticos en la tubulin” y pueden “aumentar la frecuencia de las resonancias dipolares cuánticas de los microtúbulos y los eventos Orch OR”, “expandiendo” así la conciencia.”[17]
Críticas y limitaciones
Las críticas se centran tanto en la plausibilidad física como en el escalamiento biológico, con preocupaciones sobre la decoherencia señaladas frecuentemente en la literatura adyacente a Orch-OR (por ejemplo, que la “decoherencia... destruiría los estados cuánticos antes de que pudieran tener un impacto en la actividad cerebral”).[18] Una revisión crítica más amplia de los enfoques cuánticos de la conciencia enfatiza una brecha de evidencia a nivel mecánico, afirmando que “ningún estudio hasta la fecha ha demostrado entrelazamiento, coherencia de larga duración o dinámica de colapso en tejido neural bajo criterios operativos comparables a los utilizados en sistemas cuánticos controlados.”[4]
Una crítica cuantitativa específica apunta a la parametrización biológica de Orch-OR, argumentando que una estimación del recuento de tubulin repetida habitualmente tiene un origen incorrecto: “en ninguna parte de [Yu and Baas (1994)] se estima que hay dímeros de tubulin por neurona”, y una reconstrucción que implica “dímeros de tubulin” por neurona se utiliza para argumentar que (bajo supuestos particulares) “solo 15 neuronas participan en cada evento consciente”, desafiando las afirmaciones de escalamiento de Orch-OR.[19]
Otras críticas enfatizan el estado incompleto de la teoría y la multiplicidad de implementaciones de modelos de colapso, señalando que “Orch OR no es un modelo completo de la realidad sino un trabajo en progreso”, y que “hay muchas maneras en que se podrían precisar estas ideas base, por lo tanto, muchas ‘variantes’”, de modo que las exclusiones experimentales pueden “eliminar una pequeña clase de variantes posibles” en lugar de refutar el programa completo.”[20]
Dinámica cerebral cuántica
Una segunda tradición importante es la dinámica cerebral cuántica (QBD) y los enfoques relacionados de la teoría cuántica de campos, que pretenden describir la función cerebral “dentro del ámbito de la teoría cuántica de campos” y tratar funciones avanzadas como la conciencia y la memoria como emergentes de parámetros de orden macroscópico y dinámica de campos, más que solo de la computación en redes neuronales.[21, 22]
Una descripción representativa presenta “un nuevo marco cuántico para investigar funciones avanzadas del cerebro como la conciencia y la memoria”, fundamentándolo explícitamente en “la teoría cuántica de campos originada... por... Hiroomi Umezawa.”[22] En esta descripción, la “memoria” se describe como almacenada en “un estado de orden macroscópico”, y la “conciencia” se describe como realizada por la “dinámica de creación y aniquilación de cuantos de energía del campo electromagnético y los campos moleculares del agua y la proteína.”[22]
Una línea de trabajo relacionada, adyacente a la QBD, propone mecanismos cuántico-ópticos específicos en los microtúbulos, incluyendo la emisión colectiva (“superradiancia”) y la propagación no lineal (“transparencia autoinducida”).[23] En ese marco, “la computación óptica superradiante en redes de microtúbulos... puede proporcionar una base para la cognición biomolecular y un sustrato para la conciencia”, y “la anestesia general puede explicarse por el bloqueo de eventos de nivel cuántico” que sustentan la dinámica macroscópica cooperativa colectiva.[23] Una declaración estrechamente alineada propone de manera similar que “las moléculas de gas anestésico inhiben reversiblemente la conciencia mediante una unión débil... en regiones hidrofóbicas de las proteínas”, e infiere que si la “coherencia cuántico-óptica en los microtúbulos... es esencial para la conciencia”, los anestésicos “deben inhibirla de alguna manera.”[24]
Cognición cuántica
La cognición cuántica (QC) utiliza las matemáticas teórico-cuánticas como un lenguaje formal para la cognición, proponiendo que la dinámica mental puede representarse mediante “estados” sensibles al contexto y una estructura de probabilidad no clásica, en lugar de asumir proposiciones clásicas estables y probabilidad Kolmogoroviana en cada dominio cognitivo.[25]
Una revisión de QC orientada clínicamente afirma que la QC “propone un marco teórico alternativo a la lógica clásica” para fenómenos como la “ambivalencia, las intenciones superpuestas y los cambios repentinos de perspectiva”, y argumenta que las ecuaciones de la teoría cuántica “nos permiten representar formalmente la dinámica mental caracterizada por la ambivalencia, las fluctuaciones en la decisión, la sensibilidad al contexto y los comportamientos inconscientes.”[25] Sugiere explícitamente la relevancia clínica al afirmar que estas características son “muy evidentes” en los “trastornos de la personalidad... caracterizados por la inestabilidad emocional”, y da un ejemplo concreto: “un paciente borderline puede desear y temer simultáneamente la cercanía de una figura significativa.”[25]
Una revisión crítica más amplia de los enfoques cuánticos de la conciencia formaliza la distinción clave entre los formalismos tipo QC y las propuestas mecánicas de cerebro cuántico, afirmando que los principios cuánticos pueden ofrecer ventajas “como marcos matemáticos formales para modelar la cognición contextual” o “como hipótesis mecánicas que proponen estados no clásicos instanciados biológicamente.”[4] También enmarca el estándar de evidencia para las afirmaciones mecánicas, enfatizando que “la cuestión decisiva no es si el cerebro es cuántico, sino si su dinámica supera el alcance explicativo de los modelos clásicos rigurosamente definidos.”[4]
Conexiones clínicas
La literatura aquí representada vincula los modelos cuánticos con la psiquiatría a lo largo de varios ejes clínicamente relevantes, incluyendo la psicosis y la alteración del yo, los trastornos del estado de ánimo, la anestesia y los cambios controlables de la conciencia, y anomalías relacionadas con el tiempo/agencia que algunos autores interpretan como relevantes para la psicopatología y la volición.[3, 5, 11, 26]
Esquizofrenia
Una revisión centrada en la esquizofrenia propone explícitamente Orch-OR como “una proposición atractiva para entender la biología de la conciencia”, afirmando que “invoca procesos cuánticos en los microtúbulos de las neuronas”, y argumentando que el modelo es “particularmente importante para entender la esquizofrenia... debido al ‘andamiaje’ compartido de microtúbulos.”[26] La misma revisión enmarca la esquizofrenia como un trastorno de la conciencia, citando evidencia de “anomalías del yo, percepción aberrante del tiempo, así como una vinculación intencional disfuncional”, y vinculando estos elementos con “oscilaciones neurales aberrantes así como anomalías en los microtúbulos”, culminando en el postulado de que “la esquizofrenia es un trastorno de la conciencia posiblemente debido a una disfunción de los microtúbulos.”[26]
Otros enfoques adyacentes a la esquizofrenia son más formales o metafóricos que microfísicos, como la propuesta de “una lógica cuántica... del inconsciente psicodinámico”, con la afirmación de que esta “lógica cuántica sub rosa... es también la lógica... dominante de la esquizofrenia”, y la sugerencia de que los psicoterapeutas podrían aprender un “Metalinguaje Cuántico formal” para comunicarse más eficazmente con los pacientes.[27]
En un sentido más amplio, un artículo sobre paradigmas cuánticos sugiere posibles mapeos de descriptores de estados cuánticos a la fenomenología psicótica, proponiendo que los “cambios de estados cerebrales cuánticos coherentes a incoherentes pueden, cuando son aberrantes, marcar correlatos neurales de la percepción psicótica”, y que las “relaciones de fase desajustadas” pueden “arrojar luz sobre los trastornos del pensamiento clínico.”[28] Una pieza de opinión orientada a la psiquiatría afirma igualmente que “los enfoques cuánticos presumiblemente podrían ayudarnos a entender mucho sobre las alucinaciones, los delirios y otras anomalías psíquicas.”[29]
Depresión y trastornos del estado de ánimo
La depresión se aborda en una propuesta que busca explícitamente conectar los modelos cuánticos con la psicopatología, argumentando que las teorías cuánticas “ofrecen un cambio profundo a los enfoques actuales”, y proponiendo la integración con la neurociencia experimental a través del “flujo de conciencia” y la “Sincronía Gamma (GS)” del EEG.[5] Dentro de ese marco, “un paciente con depresión unipolar podría ser visto como un sujeto con un flujo de conciencia alterado”, con “pistas” que sugieren que la depresión se relaciona con un flujo de conciencia de “potencia aumentada”, y con una afirmación empírica asociada de que “la sincronía Gamma... está de alguna manera aumentada... en la región temporal.”[5]
Las revisiones de neurobiología cuántica también proponen vías (aún especulativas) que vinculan los grados de libertad cuánticos con la respuesta al tratamiento psiquiátrico, como la sugerencia de que la eficacia del lithium “podría deberse al aumento de la decoherencia inducida por los spines nucleares de lithium incluidos en la molécula de Posner.”[30] Paralelamente, el informe sobre ultrasonido adyacente a Orch-OR describe un efecto agudo de “mejora del estado de ánimo” tras una breve estimación con TUS y sugiere futuros ensayos dirigidos a condiciones que incluyen el “PTSD” y la “depresión.”[17]
Anestesia y conciencia alterada
La anestesia es un banco de pruebas clave en múltiples tradiciones de la mente cuántica porque ofrece una manipulación de la conciencia controlable experimental y clínicamente.[3, 14] Las formulaciones orientadas a Orch-OR defienden una “hipótesis cuántica” en la que los anestésicos causan inconsciencia al “alterar un delicado estado cuántico colectivo entrelazado de muchos MTs neurales que constituye el sustrato directo de la conciencia”, y afirman además que la susceptibilidad de este estado coherente a la unión débil podría explicar por qué los anestésicos parecen selectivamente específicos para la conciencia en dosis moderadas.[14]
Otros enfoques de microtúbulos/cuánticos afirman que “se identifican los ‘canales cuánticos’ de los microtúbulos en los que los anestésicos borran la conciencia”, y también proponen las “frecuencias de batido” de la vibración de los microtúbulos como candidatos a mediadores de los correlatos de la conciencia en el EEG bajo anestesia y en vigilia.[16] En los modelos de QBD/óptica cuántica, la anestesia se enmarca de manera similar como un bloqueo de eventos cooperativos a nivel cuántico, con afirmaciones explícitas de que “la anestesia general puede explicarse por el bloqueo de eventos de nivel cuántico”, y que los gases anestésicos inhiben la conciencia a través de la unión débil en regiones proteicas hidrofóbicas que podrían alterar la coherencia esencial.[24]
Agencia y tiempo
Varias fuentes de Orch-OR conectan la reducción cuántica con la agencia y la volición, proponiendo que “cada reducción/momento consciente selecciona estados particulares de los microtúbulos que regulan los disparos neuronales”, y que esto puede sustentar una “agencia causal consciente.”[31] Una afirmación relacionada es que las reducciones de estados cuánticos implican una “no localidad temporal”, refiriendo potencialmente información “tanto hacia adelante como hacia atrás” en el tiempo percibido y, de ese modo, “rescatando el libre albedrío.”[31]
Un tratamiento de Orch-OR centrado en el tiempo afirma que “la conciencia se debe a las reducciones de estado cuántico (objetivas) que crean el flujo del tiempo”, y establece explícitamente que “los efectos de tiempo retroactivo... podrían permitir el control consciente en tiempo real y rescatar el libre albedrío consciente.”[9] Otra declaración afirma de manera similar que Orch-OR “puede causar no localidad temporal, enviando información cuántica hacia atrás en el tiempo clásico”, vinculando esto con afirmaciones de evidencia en psicología y neurociencia y posicionándolo como una solución a un problema de temporización de la conciencia/agencia “demasiado tardía”.[11] Un resumen adicional orientado al tiempo afirma que hay “informes creíbles de efectos de tiempo aparentemente retroactivos en los estados mentales”, y atribuye un posible mecanismo a la propuesta de Penrose de que la OR tiene un “efecto retroactivo” que elimina las curvaturas del espacio-tiempo no seleccionadas, permitiendo así efectos retroactivos en las “percepciones y acciones mentales.”[32]
Estados psicodélicos
Dentro de una narrativa de Orch-OR que trata los canales de los microtúbulos intracelulares como relevantes para la modulación de la conciencia, un relato afirma que las drogas psicodélicas pueden entrar en las células y “unirse en canales cuánticos en la tubulin”, aumentando así la frecuencia de resonancia de los microtúbulos y los eventos Orch-OR, y “expandiendo” la conciencia.”[17]
Conceptos compartidos
Incluso cuando la física cuántica no se toma literalmente como un mecanismo cerebral, múltiples corrientes comparten un pequeño conjunto de movimientos conceptuales recurrentes que pueden mapearse con fenómenos psiquiátricos, notablemente la coexistencia tipo superposición de tendencias incompatibles, la actualización de estado o “colapso” como un evento de decisión/compromiso, el holismo tipo entrelazamiento como modelo para la unidad/vinculación, y la criticalidad/transiciones de fase como modelo para cambios abruptos en el estado consciente.[14, 18, 25]
Primero, los modelos de QC tratan la ambivalencia y las intenciones superpuestas como objetivos centrales, utilizando explícitamente formalismos cuánticos para representar la “ambivalencia, las intenciones superpuestas y los cambios repentinos de perspectiva”, con ejemplos clínicos como los pacientes borderline que “desean y temen simultáneamente” la cercanía.[25] Segundo, las formulaciones de Orch-OR centran repetidamente el “colapso” como un evento generativo de momentos conscientes, describiendo la conciencia como secuencias de reducciones objetivas (“autocolapsos”) orquestadas en los microtúbulos, y tratando así las reducciones discretas como el análogo mecánico de los momentos de experiencia paso a paso.[32]
Tercero, se invoca el entrelazamiento de formas mecánicas y cuasi-mecánicas para dar cuenta de la unidad y la vinculación: un relato de conciencia cuántica argumenta que la conciencia a gran escala requiere “un único estado cuántico entrelazado colectivo”, y sugiere que la unidad de la experiencia está ligada a “la unidad eficaz objetiva del sustrato físico cuántico.”[14] Cuarto, varias propuestas adyacentes a Orch-OR reclutan el lenguaje de la criticalidad, describiendo la criticalidad autoorganizada como un régimen de ley de potencia invariante de escala y tratando los eventos tipo colapso como fenómenos de avalancha/transición que ocurren en escalas de tiempo psicofísicas (por ejemplo, “10–200 ms” en algunos modelos).[18, 33]
Evaluación crítica
A lo largo de estas literaturas, una línea de falla metodológica repetida se refiere a si las ideas cuánticas se utilizan como (a) modelos formales de cognición y efectos de contexto o (b) afirmaciones literales sobre estados no clásicos instanciados biológicamente que deben satisfacer criterios operativos comparables a los sistemas cuánticos de laboratorio.[4] La precaución general más fuerte representada aquí es que, aunque algunos hallazgos se han interpretado como no clásicos, “ningún estudio hasta la fecha ha demostrado entrelazamiento, coherencia de larga duración o dinámica de colapso en tejido neural” bajo criterios operativos comparables a los sistemas cuánticos controlados, y por lo tanto, la evaluación debería centrarse en si los modelos propuestos superan a las alternativas clásicas bien definidas.[4]
Específicamente para Orch-OR, una dependencia empírica abierta importante es la confianza del modelo en las oscilaciones cuánticas de los microtúbulos “entrelazadas entre neuronas a través del cerebro”, descrita como “una característica que aún no se ha demostrado.”[34] El programa, sin embargo, presenta condiciones de falsabilidad explícitas vinculadas a la anestesia, afirmando que el fracaso en observar la interferencia cuántica en los microtúbulos (o su atenuación por anestésicos) falsaría Orch-OR.[7]
Además, algunas críticas son internas/cuantitativas, desafiando la suficiencia de las cifras biológicas utilizadas para respaldar las estimaciones de escala y escala de tiempo de Orch-OR, incluyendo afirmaciones de citas erróneas en las estimaciones del recuento de tubulin y las implicaciones derivadas sobre cuántas neuronas podrían participar en un evento Orch-OR coherente bajo supuestos dados.[19] Una síntesis crítica separada (centrada en la viabilidad) concluye que Orch-OR “carece de evidencia experimental convincente, especialmente en lo que respecta al vínculo entre la computación cuántica en los microtúbulos y la actividad neuronal.”[35]
Finalmente, incluso las discusiones favorables enfatizan la necesidad de un refinamiento teórico y de pruebas específicas para cada variante, subrayando que Orch-OR “es... un trabajo en progreso” con muchas “variantes” posibles, y que excluir una implementación concreta de un modelo de colapso solo puede eliminar una “pequeña clase” de variantes en lugar de abordar la propuesta conceptual completa.[20]
Direcciones futuras
Varias fuentes convergen en la necesidad de modelos multiescala y comprobables que conecten explícitamente las hipótesis microfísicas con la neurofisiología mensurable y los fenómenos clínicos como la anestesia y los síntomas relevantes para la psicopatología.[5, 34] Los desarrollos recientes de Orch-OR apuntan explícitamente a esto mediante el esbozo de “un marco cuántico-clásico” destinado a apoyar la “integración en un modelo multiescala comprobable y predictivo”, y al proponer que la teoría cuántica-clásica puede generar “funciones de correlación, espectros y propiedades termodinámicas” comparables a los experimentos.[34, 36]
En la literatura más amplia sobre neurobiología cuántica, una dirección es tratar el cerebro como un sistema altamente no lineal en el cual los eventos cuánticos de micro-nivel podrían amplificarse hacia arriba, enfatizando que las “fluctuaciones minúsculas... no necesitan ser ciertas” para anularse en “sistemas altamente no lineales como nuestro cerebro”, y que los “experimentos futuros” pueden “encontrar o refutar un vínculo entre la coherencia de los canales iónicos, los potenciales de campo y el... comportamiento de decisión tipo cuántico.”[37] Otra postura programática es que el progreso en la “neurobiología cuántica” depende del progreso en la biología cuántica en general, y que muchos mecanismos cuánticos neurales propuestos siguen siendo “en gran medida teóricos”, sugiriendo un enfoque por etapas en el cual los sitios biofísicos y las firmas operativas se estrechen progresivamente y se limiten experimentalmente.[30]
Clínicamente, varios autores proponen explícitamente que los modelos de microtúbulos y del citoesqueleto podrían motivar intervenciones dirigidas a los “orígenes microtúbulos y citoesqueléticos de la neuropatología”, incluyendo la depresión, y señalan modalidades como la estimulación por ultrasonido como casos de prueba translacionales plausibles porque son experimentalmente tratables y directamente relevantes para los síntomas y estados centrales de la psiquiatría.[8, 17]
Comparación
La tabla siguiente resume cómo difieren los enfoques principales en lo que significa “cuántico” y cómo cada uno propone relevancia para la psiquiatría.