Resumen
Antecedentes. El Brainspotting (BSP) es una psicoterapia orientada al trauma en la que el terapeuta ayuda al cliente a localizar y mantener la atención en una posición del campo visual asociada con la activación somática vinculada al trauma. Su explicación neurobiológica propuesta ocupa un lugar destacado en las descripciones clínicas, pero su estado empírico debe desvincularse de la cuestión de los resultados clínicos.[1, 2]
Objetivo. Describir el procedimiento de BSP, evaluar los estudios disponibles sobre resultados vinculados al trauma y formular una hipótesis falsable sobre cómo podría operar el BSP.
Identificación de la evidencia. Esta revisión narrativa de la evidencia buscó en fuentes académicas utilizando términos relativos a Brainspotting, trauma, PTSD, resultados del tratamiento, mecanismos y revisiones sistemáticas; asimismo, consultó las principales guías de tratamiento del PTSD. No se trata de una revisión sistemática registrada. Los artículos de resultados identificados incluyen cohortes preliminares no controladas, estudios comparativos de recuerdos perturbadores y un estudio comparativo reducido sobre el PTSD.[3–5]
Resultados. Cohortes reducidas no controladas de PTSD, un experimento no clínico con control activo y un estudio clínico comparativo notifican reducciones en los síntomas asociados al trauma o en el malestar derivado de los recuerdos tras el BSP. Sin embargo, la literatura clínica sobre el PTSD sigue siendo reducida, heterogénea y dominada por diseños no aleatorizados, basados en autoinformes y de tratamiento breve. Los trabajos de neuroimagen disponibles consisten en estudios pre-post de caso único y no pueden establecer mecanismos neuronales específicos del BSP.[4–9]
Conclusión. El BSP es una intervención orientada al trauma candidata y plausible con señales preliminares de beneficio, no un tratamiento de primera línea establecido para el PTSD. Su afirmación característica —que una posición específica de la mirada desempeña un papel causal y reproducible en la modificación de los síntomas— permanece sin contrastar. Un próximo estudio decisivo debería emplear un diseño aleatorizado, preregistrado y con la potencia adecuada, que compare el BSP administrado por un terapeuta con una atención centrada en el trauma equiparable en una posición visual simulada (sham) y con una terapia de trauma establecida.[4, 6, 9, 10]
Palabras clave: Brainspotting; post-traumatic stress disorder; psicoterapia del trauma; atención visual; síntomas somáticos; mecanismo; ensayo clínico
Introducción
El Brainspotting se presenta como una psicoterapia que identifica una ubicación en el campo visual en la que la narración o el contacto con una experiencia traumática se acompaña de un incremento en la activación corporal. Posteriormente, el cliente mantiene la atención en esa ubicación mientras observa su experiencia interna, respaldado por la sintonía del terapeuta. El artículo mecanicista fundacional describe esto como una observación clínica y formula explícitamente su explicación neuronal como un conjunto de hipótesis contrastables, en lugar de como una neurobiología demostrada.[1]
Esta distinción es relevante. Un paciente puede mejorar durante el BSP debido a la activación de la memoria traumática, la atención sostenida, la expectativa, la alianza terapéutica, la exposición emocional, la monitorización interoceptiva, la recuperación espontánea o una combinación de estos factores. La mejora por sí sola no demuestra que el «brainspot» propuesto, una vía del mesencéfalo o una posición ocular específica hayan causado el cambio; las propias explicaciones mecanicistas se plantean como hipótesis.[1, 2] Por tanto, la pregunta científica pertinente es doble: ¿mejora el BSP los resultados traumáticos clínicamente significativos y aporta su procedimiento de posición de la mirada un beneficio incremental más allá de alternativas creíbles?
¿En qué consiste el Brainspotting?
En el BSP, el terapeuta y el cliente identifican una posición en el campo visual del cliente que parece corresponderse con una mayor activación corporal o emocional vinculada al trauma; el cliente mantiene la atención en esa posición mientras procesa la experiencia. La hipótesis teórica inicial propone que la atención sostenida en este «brainspot», dentro de una relación terapéutica sintonizada, permite procesar la activación traumática.[1] La hipótesis posterior plantea que una activación (arousal) excesivamente elevada interrumpe la orientación completa hacia un recuerdo aversivo, y que la atención plena puede permitir un procesamiento tálamo-cortical coherente y una reconsolidación posterior con menor malestar.[2]
Esta descripción respalda un modelo de proceso clínicamente inteligible, pero no demostrado:
- un recordatorio del trauma evoca activación corporal y afectiva;
- una posición visual seleccionada se convierte en un ancla atencional;
- se produce un contacto sostenido y tolerable con el recuerdo y sus sensaciones en el marco de una relación terapéutica regulada;
- el cliente experimenta nuevas respuestas afectivas, cognitivas y somáticas; y
- el malestar disminuye en evocaciones posteriores.[1, 2]
Los tres primeros pasos describen la intervención; la afirmación de que una posición visual determinada posee un acceso neuronal privileged es una hipótesis mecanicista que requiere respaldo experimental directo.
Evidencia clínica sobre los resultados en el trauma
El conjunto de evidencias contiene varias señales positivas, pero ningún estudio individual es suficiente para establecer la eficacia en el PTSD.
Un estudio no controlado preliminar evaluó a 22 clientes tratados con BSP en Alemania y Estados Unidos. Notificó reducciones evaluadas mediante cuestionarios en los síntomas de PTSD y otros deterioros a lo largo de tres sesiones, utilizando valoraciones del cliente y del terapeuta.[3] Dado que no hubo un comparador concurrente, el estudio no puede distinguir un efecto específico del BSP de los efectos inespecíficos de la terapia, la regresión a la media, la expectativa o la evolución natural de los síntomas.
Un estudio comparativo de 2017 incluyó a 76 adultos afectados por eventos traumáticos; 53 recibieron BSP y 23 recibieron EMDR, administrados en tres sesiones de 60 minutos bajo un protocolo estandarizado. El PTSD, la depresión y la ansiedad se midieron antes y después del tratamiento, y a los seis meses. Ambos grupos mejoraron en los síntomas autoinformados de PTSD, notificándose grandes cambios intragrupo pre-post tanto para BSP como para EMDR.[4] Esta es la señal comparativa clínicamente más relevante hallada en esta revisión, pero el tamaño desigual de los grupos, la exposición al tratamiento muy breve y la dependencia de variables principales autoinformadas dejan sin resolver la cuestión de la eficacia comparativa.
Un estudio de 2022 de un solo grupo y tres puntos temporales incluyó a 13 mujeres en atención residencial con antecedentes graves de trauma interpersonal y síntomas elevados de PTSD durante al menos dos años. Tras tres sesiones de BSP guiadas por manual, las mediciones de PTSD administradas por clínicos y autoinformadas mejoraron, y el informe describe grandes efectos intraindividuales mantenidos en un seguimiento a dos semanas.[6] La gravedad de la población inscrita y el uso de CAPS-5 constituyen fortalezas; la ausencia de aleatorización, de una condición de control y de un seguimiento más prolongado impide la atribución causal al BSP.
La evidencia experimental más controlada atañe a recuerdos perturbadores en participantes no clínicos, no a PTSD diagnosticado. En un ensayo piloto intrasujeto, se comparó el BSP con la meditación de escaneo corporal (body-scan); tras aproximadamente 40 minutos, el BSP se asoció con un menor malestar relacionado con el recuerdo y parámetros de variabilidad de la frecuencia cardíaca más elevados que el valor basal.[7] Un estudio intrasujeto relacionado en 40 psicólogos o médicos comparó sesiones únicas de EMDR, BSP, meditación body-scan y lectura de un libro. El BSP y el EMDR produjeron valoraciones de malestar posteriores a la sesión y en el seguimiento inferiores a las del body-scan y la lectura, y ambos redujeron la duración necesaria para narrar el recuerdo.[5] Estos estudios sugieren que el BSP puede alterar el malestar agudo en muestras sanas seleccionadas; no establecen el tratamiento del PTSD, la durabilidad ni la superioridad frente a terapias del trauma establecidas.
Evidencia neurobiológica: observaciones prometedoras, no confirmación
La explicación neurobiológica específica del BSP aún no ha sido validada mediante un programa mecanicista controlado. Un informe pre-post por PET incluyó a un participante con PTSD y un control sano tras 30 sesiones de BSP en línea; los síntomas disminuyeron, mientras que los hallazgos por PET se describieron como variables.[8] Un estudio posterior de BSP en línea notificó de manera similar cambios sintomáticos y espectroscópicos tras 15 sesiones en un único superviviente de trauma, reconociendo al mismo tiempo que el diseño no aleatorizado de caso único y la dependencia de autoinformes limitan la generalizabilidad.[9] Ninguno de los dos estudios puede aislar el BSP del contacto terapéutico repetido, el tiempo, la variación en la medición u otros factores; tampoco establecen que un brainspot reclute un circuito determinado.
Por lo tanto, la evidencia actual respalda una formulación cautelosa: se han observado cambios en los síntomas y en las mediciones fisiológicas o de imagen tras el BSP en estudios preliminares, pero ningún estudio hallado aquí demuestra un mecanismo neuronal específico del BSP. Las explicaciones originales relativas al mesencéfalo, el pulvinar, la vía tálamo-cortical y la reconsolidación deben citarse como hipótesis.[1, 2]
Una tesis contrastable: el modelo de reactivación regulada y anclada en la mirada
Proponemos la siguiente tesis para su contraste empírico:
En personas con PTSD, un punto anclado visualmente que está vinculado de manera individual a la activación provocada por señales del trauma facilita una reactivación sostenida y tolerable de la memoria traumática; cuando se administra dentro de una relación terapéutica regulada, esto produce una mayor reducción del malestar condicionado y la evitación que una atención idéntica centrada en el trauma en un punto visual no vinculado.[1, 2]
Esta tesis no requiere asumir que la posición ocular acceda directamente a una memoria almacenada ni que el BSP active de manera exclusiva un circuito mesencefálico determinado. Formula cuatro predicciones independientes:
- Especificidad del ancla. Un brainspot seleccionado por el participante debería superar a una posición de la mirada asignada al azar o deliberadamente no vinculada cuando el contacto con el terapeuta, el tiempo de exposición, la expectativa y la memoria traumática diana estén equiparados.
- Activación del proceso. Durante el procesamiento activo, el brainspot seleccionado debería producir cambios medibles —pero tolerables— en la activación autonómica, la atención y la activación de la memoria traumática en comparación con una posición simulada (sham); un incremento aislado en la activación no constituye evidencia de beneficio.
- Mediación clínica. Las reducciones en la evitación, la reactividad a las señales del trauma y la gravedad del PTSD deberían estar mediadas por el cambio intrasesión en el malestar asociado a la memoria traumática, y no solo por la expectativa inespecífica.
- Durabilidad y generalización. Cualquier ventaja debería persistir al menos de tres a seis meses y generalizarse a la gravedad del PTSD evaluada por el clínico, el funcionamiento y las tareas con señales de trauma, y no solo al malestar subjetivo inmediato. Estas predicciones abordan las breves ventanas de tratamiento y seguimiento de los estudios disponibles.[4–6]
El modelo puede fallar de formas esclarecedoras. Si las posiciones simuladas (sham) equiparables funcionan igualmente bien, es probable que el ingrediente terapéutico sea la atención sostenida centrada en el trauma o la alianza terapéutica, en lugar de la especificidad de la posición visual. Si el BSP mejora los síntomas sin demostrar los cambios fisiológicos o conductuales predichos, su beneficio clínico aún puede ser real, pero el mecanismo propuesto debería revisarse. Si no supera a un control creíble, el campo no debería mantener la afirmación de un acceso neurobiológico distintivo. Esto es necesario dado que las vías neurobiológicas mencionadas siguen siendo hipótesis propuestas por los autores.[1, 2]
Estudio necesario para contrastar la tesis
Un ensayo definitivo debería reclutar a adultos con PTSD confirmado por un clínico, preregistrar las variables principales y mecanicistas, y aleatorizar a los participantes a: (a) BSP en un brainspot identificado individualmente; (b) procesamiento del trauma equiparable administrado por terapeuta en una ubicación visual simulada (sham) no vinculada; y (c) un tratamiento establecido centrado en el trauma administrado a una dosis adecuada. La adscripción del terapeuta, la credibilidad del tratamiento, el número de sesiones, la atención y las tareas para el hogar deben equilibrarse en la medida de lo posible. Evaluadores ciegos deberían evaluar CAPS-5, funcionamiento, depresión, disociación, exacerbación adversa de síntomas y retención en el tratamiento tras el tratamiento y en los seguimientos a los 3, 6 y 12 meses. Este diseño aborda directamente la ausencia de aleatorización y las muestras reducidas de los estudios preliminares sobre el PTSD.[6, 9]
Las mediciones mecanicistas deberían incluir una tarea preregistrada de señales de trauma, mediciones autonómicas continuas y —si fuera factible— neuroimagen funcional o electrofisiología durante la activación estandarizada de la memoria. Las mediciones neuronales deberían evaluar contrastes a priori entre las posiciones visuales seleccionada y simulada (sham); los cambios regionales pre-post descriptivos no pueden identificar un mecanismo específico de la mirada. El ensayo también debería registrar acontecimientos adversos y empeoramiento de los síntomas, aspectos esenciales para evaluar cualquier terapia del trauma. Esto va más allá de los informes de casos pre-post por PET y espectroscopia disponibles.[8, 9]
Posicionamiento clínico
Actualmente, el BSP debe describirse como un enfoque emergente o coadyuvante en lugar de como un sustituto del abordaje establecido del PTSD. Para adultos con PTSD, el NICE recomienda terapias cognitivo-conductuales individuales centradas en el trauma y también recomienda EMDR en presentaciones específicas en adultos; entre las intervenciones enumeradas no se incluye el BSP.[10] Esta ausencia es coherente con una base empírica demasiado reducida para un respaldo a nivel de guía de práctica clínica, no una prueba de que el BSP sea ineficaz.
Por lo tanto, una declaración clínica sostenible es más restringida que muchas afirmaciones promocionales: el BSP cuenta con hallazgos preliminares de respaldo para reducir los síntomas y el malestar vinculados al trauma, incluidas cohortes clínicas reducidas y estudios comparativos no clínicos, pero la literatura aún no demuestra una eficacia robusta, efectividad comparativa, seguridad ni un mecanismo neuronal distintivo en el PTSD.[4–6, 9]
Conclusión
El BSP ofrece un procedimiento terapéutico coherente —atención anclada en la mirada a la experiencia vinculada al trauma dentro de una relación sintonizada— y los estudios iniciales notifican mejoras en los síntomas de PTSD y en los resultados relativos a recuerdos perturbadores.[4–6] La brecha probatoria central no radica en si alguna vez se ha observado una modificación de los síntomas; así ha sido. La brecha radica en si el procedimiento de posición visual del BSP aporta un beneficio reproducible y clínicamente significativo por encima del procesamiento del trauma equiparable y de las terapias de trauma establecidas. Hasta que ensayos aleatorizados y adecuadamente controlados respondan a esa cuestión, las afirmaciones de que el BSP «funciona accediendo al mesencéfalo» deben tratarse como una tesis contrastable, no como una explicación establecida.[1, 2]
Declaraciones para el envío a la revista
Financiación: A completar por los autores.
Conflicto de intereses: A completar por los autores, incluyendo cualquier formación, certificación, práctica u afiliación organizacional relacionada con el BSP.
Aprobación ética y consentimiento para participar: No aplicable para esta revisión narrativa.
Disponibilidad de datos: No aplicable.
Contribuciones de los autores y agradecimientos: A completar por los autores.
Referencias seleccionadas
- Hildebrand A, Grand D, Stemmler M. Brainspotting – the efficacy of a new therapy approach for the treatment of posttraumatic stress disorder in comparison to eye movement desensitization and reprocessing (2017).[4]
- Hildebrand A, Grand D, Stemmler M. [Preliminary study of the efficacy of Brainspotting for posttraumatic stress disorder] (2013).[3]
- Palsimon Jr T. The preliminary efficacy and clinical applicability of Brainspotting among Filipino women with severe posttraumatic stress disorder (2022).[6]
- D’Antoni F. Brainspotting reduces disturbance and increases heart rate variability linked to distressing memories: a pilot study (2021).[7]
- D’Antoni F, Matiz A, Fabbro F, Crescentini C. Psychotherapeutic techniques for distressing memories: a comparative study between EMDR, Brainspotting, and body scan meditation (2022).[5]
- Corrigan F, Grand D. Brainspotting: recruiting the midbrain for accessing and healing sensorimotor memories of traumatic activation (2013).[1]
- Corrigan F, Grand D, Raju R. Brainspotting: sustained attention, spinothalamic tracts, thalamocortical processing, and the healing of adaptive orientation truncated by traumatic experience (2015).[2]
- Foo M, Himawan KK, Susanto E. The impact of online brain-spotting therapy on brain metabolism and PTSD symptoms of intimate sexual violence victims: a single case study (2025).[9]
- National Institute for Health and Care Excellence. Post-traumatic stress disorder: recommendations (consultado para el posicionamiento clínico actual).[10]

