Introducción y contexto
Un hilo recurrente en la literatura es que la psiquiatría y la psicoterapia han tomado prestado periódicamente el vocabulario conceptual de la física contemporánea como una forma de repensar los fenómenos clínicos y la construcción de teorías, incluyendo un cambio desde las metáforas newtonianas anteriores hacia otras explícitamente «cuánticas» en la psicoterapia profunda y las presentaciones límite.[1, 2] Una declaración explícita de este cambio sostiene que los principios newtonianos (y, por analogía, los constructos newtonianos de Freud) pueden ser útiles «hasta una cierta profundidad de la terapia», pero que «más allá de ese punto» las «metáforas apropiadas son las de la física cuántica».[1, 2] En ese marco, las metáforas cuánticas se utilizan para explorar «la dualidad, el libre albedrío y la interacción paciente-terapeuta», situando la agencia clínica y la díada terapéutica cerca del centro de la analogía en lugar de en la periferia.[1, 2]
El linaje histórico de la fertilización cruzada entre «cuántica y psique» también está representado (en un registro más biográfico e histórico-intelectual) por los relatos de Carl Jung y Wolfgang Pauli «intercambiando ideas», lo que ha servido como punto de referencia para trabajos posteriores que buscan puentes conceptuales entre la teoría cuántica y la psiquiatría/psicología.[3] El mismo momento cultural amplio se narra a veces como coetáneo con desarrollos fundacionales tanto en la psiquiatría como en la física cuántica; por ejemplo, señalando que en 1913 (el año asociado con el trabajo psiquiátrico temprano de Jaspers), Niels Bohr publicó una teoría cuántica del átomo de hidrógeno y planteó la inquietante posibilidad de que no exista «una única realidad objetiva aceptada», sino que esta «surgiera mediante la observación».[4]
A través de las fuentes, es importante distinguir (i) los usos metafóricos/metodológicos de las ideas cuánticas para articular los límites epistémicos y las características relacionales del trabajo clínico de (ii) las afirmaciones mecánicas literales de que el cerebro implementa procesos cuánticos responsables de los síntomas psiquiátricos o de la conciencia.[5–7] Varios autores enfatizan explícitamente la intención metafórica, advirtiendo que la «confluencia no afirma una alineación literal del funcionamiento cerebral» con la mecánica cuántica, sino que posiciona los principios cuánticos como «herramientas metafóricas» para fenómenos psicológicos complejos.[5]
Efecto observador e incertidumbre
Un paralelo metodológico central es el rechazo de un observador totalmente neutro tanto en la medición cuántica como en la práctica psicoanalítica/psicoterapéutica, con múltiples fuentes que trazan explícitamente analogías entre la observación cuántica y la participación del terapeuta en un proceso clínico bidireccional.[8] En un influyente marco psicoanalítico, se describe el psicoanálisis como una evolución desde un «modelo tradicional unidireccional en el que el terapeuta es un observador objetivo» hacia un «modelo bidireccional» que enfatiza la interacción, afirmando explícitamente que «la noción de que el terapeuta puede ser un observador neutro» es «abandonada».[8] El mismo texto vincula esto explícitamente con el «abandono de la noción del experimentador/observador neutro» de la era de Copenhague, y afirma que la conciencia del experimentador ejerce una «influencia metafísica crítica» sobre los resultados experimentales cuánticos en el ámbito subatómico.[8]
Dentro de las discusiones relacionales/psicoanalíticas, el principio de incertidumbre de Heisenberg se invoca a menudo menos como una limitación física literal y más como una plantilla para pensar sobre la subjetividad y la carga de la medición: una fuente cita explícitamente que «la posición del observador y los actos de observación influyen en la naturaleza de los datos recopilados», y concluye que las «percepciones no son ni objetivas ni absolutas», sino que «cambian con el punto de vista único del observador, o del analista en relación con el paciente».[9] La misma línea argumental destaca que en física «debemos aislar y, por definición, alterar una onda o partícula para estudiarla», utilizando esto como un análogo metodológico de cómo la indagación o interpretación clínica puede alterar lo que queda disponible para la observación en la situación analítica.[9]
Una vertiente estrechamente relacionada se centra en la autoobservación como un problema epistémico psiquiátrico/psicoterapéutico: un texto afirma que es «imposible» realizar observaciones «objetivas» de los propios pensamientos y sentimientos porque el observador utiliza esos mismos pensamientos y sentimientos para realizar las observaciones, mientras que la teoría psiquiátrica a menudo asume una «separación clara» entre la parte observadora y la parte observada del yo.[10] En ese relato, se proponen «analogías de la física cuántica» como una forma de «elucidar esta paradoja», y la comprensión de estas complejidades se vincula con la comprensión de «muchos de los enigmas de la psicoterapia».[10]
En la metodología de investigación en psicología, el «efecto observador» también se enmarca como un desafío científico general en la medición: un artículo define el efecto observador como «el impacto que el acto de observar tiene sobre un resultado», distingue entre formas de observación externas e internas, y sostiene que no considerar los efectos del observador puede introducir «sesgos y distorsiones» que comprometen la validez y la fiabilidad.[11] El mismo trabajo propone el mindfulness como una «plataforma para contabilizar, explorar y aprovechar intencionalmente» el efecto observador y como un estilo de reflexión que busca «desmantelar» los efectos del observador atendiendo a la experiencia del momento presente sin juicio ni elaboración.[11]
Complementariedad
La complementariedad se utiliza repetidamente como un concepto puente para la psiquiatría porque ofrece una forma estructurada de tratar descripciones aparentemente irreconciliables como mutuamente necesarias, en lugar de forzarlas en una perspectiva única y unificada.[12, 13] Una aplicación psiquiátrico-psicoterapéutica propone explícitamente que los enfoques «médico-psiquiátricos» y «psicoterapéuticos» tienen cada uno su propia lógica interna que es «independiente y simultáneamente complementaria» de la otra, invocando explícitamente el principio de Bohr para sistematizar «datos irreconciliables obtenidos por observadores con perspectivas divergentes».[13] En un movimiento metodológico relacionado, el mismo enfoque propone que cada paciente «debe ser examinado simultánea e independientemente» desde estos dos «sistemas de coordenadas», enfatizando las perspectivas paralelas en lugar de la reducción a un solo punto de vista.[13]
En las discusiones mente-cuerpo y biopsicosociales, la complementariedad también se utiliza para articular por qué una descripción completa y simultánea puede ser imposible: un texto afirma que «una descripción simultánea completa» de los procesos cerebrales bioquímicos y psicológicos es «imposible», y que cuanto más precisamente se identifican los procesos bioquímicos, «más se pierde» en la comprensión de «la esencia de la mente».[14] Otro modelo basado en la complementariedad define esta como el requerimiento de «dos descripciones incompatibles» para describir algo «en su totalidad», y afirma que «el lado físico y el mental del organismo humano son dos nociones complementarias», vinculando esto explícitamente con la complementariedad como propiedad definitoria de los sistemas cuánticos.[12]
Varias fuentes separan explícitamente la complementariedad de la interpretación de Copenhague, manteniendo al mismo tiempo el valor de la complementariedad para los «fundamentos» explicativos plurales en psicología: una propone Physikos, Bios, Socius y Logos como «fundamentos complementarios para la explicación teórica», y aconseja permanecer dentro de un fundamento a la vez mientras se cambia a un fundamento complementario para el mismo objetivo «sin ser inconsistente».[15] La misma fuente sostiene que la psicología «no puede tener una Interpretación de Copenhague per se» debido a la falta de datos experimentales claros comparables, posicionando así la complementariedad principalmente como una herramienta de pluralismo filosófico/teórico más que como una importación directa de la historia de la perturbación de la medición en física.[15]
La complementariedad también se extiende a la investigación de la conciencia como una forma de reformular las oposiciones (análisis/síntesis, lógica/intuición, hacer/ser) en una «conjugación más generosa», con algunos autores añadiendo explícitamente que el principio físico de incertidumbre adquiere relevancia metafórica al limitar la «nitidez de especificación alcanzable» de tales complementos.[16]
Superposición y colapso
La superposición y el colapso sirven como metáforas particularmente generativas para la indeterminación psiquiátrica, la ambivalencia y la transición de la experiencia pre-articulada al informe articulado; algunas fuentes también proponen hipótesis neurobiológicas literales (por ejemplo, estados microtubulares) junto con los usos metafóricos.[6, 17] Un relato psicológico impulsado por metáforas representa explícitamente «el inconsciente» como «una superposición de estados mentales», y describe la conciencia como la «decoherencia de experiencias inconscientes», utilizando el «colapso» de la función de onda como el análogo físico para la transición de lo inconsciente a lo consciente en el «nivel psíquico del ser».[6]
Otros textos traducen la superposición de manera más directa a la fenomenología clínica, proponiendo, por ejemplo, que las oportunidades explicativas y psicoterapéuticas pueden surgir de la «lógica superposicional» y el desajuste en el «pensamiento de proceso primario de la esquizofrenia», incluyendo una imagen explícitamente inspirada en los Muchos Mundos («la ontología cuántica de Everett en los 'mundos alternativos' de la percepción psicótica»).[18] En un enfoque de analogía formal/de medición más explícito, un modelo afirma que preguntar a una persona qué está pensando «en este momento» resulta en la «introspección y en el colapso de una superposición de estados en un solo pensamiento», enfatizando el colapso como una consecuencia de la indagación y el informe en lugar de como un mecanismo puramente interno.[19]
En las literaturas de modelado cognitivo que adoptan explícitamente matemáticas de tipo cuántico, la superposición se trata como una forma de representar «estados de incertidumbre muy profunda» que «no pueden ser modelados por distribuciones de probabilidad clásicas», respaldando la afirmación de que los formalismos cuánticos pueden representar la indeterminación cognitiva más allá de los modelos de mezcla probabilística clásicos.[20] En las formulaciones del cerebro predictivo cuántico, la superposición se define explícitamente como un «estado indefinido» previo al colapso y se interpreta como la expresión del «conflicto y la ambigüedad entre estados observables potenciales», con el colapso descrito como una «transición de un estado de superposición a un estado definido».[21]
Entrelazamiento y la relación terapéutica
La no-localidad y el entrelazamiento se invocan de varias maneras distintas en esta literatura: como metáfora de la dinámica relacional/interpersonal, como conceptos de sistemas «cuántico-similares» generalizados y (en algunos casos) como afirmaciones sobre correlaciones no locales psicofísicas o mente-cuerpo sujetas a pruebas experimentales.[22–24] Una extensión sistémico-teórica (Teoría Cuántica Generalizada) predice «correlaciones de entrelazamiento generalizadas y no locales» fuera de los sistemas cuánticos propiamente dichos y espera tales correlaciones cuando los observables globales son «incompatibles o complementarios» con los observables del subsistema, lo cual se presenta como aplicable a la psicología y la biología.[23]
A nivel de la relación psicoterapéutica, algunos relatos describen las interacciones entre terapeuta y paciente como procesos que involucran una influencia bidireccional que puede conceptualizarse mediante un acoplamiento tipo entrelazamiento: uno define explícitamente la transferencia y la contratransferencia como una «interacción bidireccional entre el inconsciente del terapeuta y el del paciente» y reconoce la «posible influencia no solo del terapeuta en el paciente, sino también del paciente en el terapeuta».[19] Un artículo independiente propone que la «respuesta intuitiva» es una piedra angular de las interacciones paciente-terapeuta e introduce un «modelo de Neurodinámica No Local» que complementa la comunicación clásica con «canales informativos no locales-participativos» que surgen de la naturaleza cuántica/clásica del sistema cuerpo/cerebro/mente, vinculando explícitamente fenómenos clínicos como la «transferencia de pensamiento» y la «sincronicidad» con este modelo.[25]
Algunas fuentes van más allá al proponer herramientas metodológicas para probar la «acción a distancia» psicofísica: un artículo trata el entrelazamiento como una violación del «realismo local» en un contexto psicofísico y propone extender un algoritmo de Desigualdad de Bell de Teoría de la Información a la medicina y la ciencia psicológica para estimar si la «acción a distancia» puede ser real en el fenómeno bajo investigación.[24] En una postura epistémica contrastante, una crítica orientada al QBism sostiene que la no-localidad óntica y el entrelazamiento de la teoría cuántica convencional se han utilizado como metáforas del proceso terapéutico (incluyendo el «entrelazamiento Paciente-Profesional-Remedio»), pero que en el QBism la no-localidad y el entrelazamiento son «grados subjetivos de creencia» de un agente, desafiando los despliegues anteriores de metáforas ónticas al replantearlas como epistémicas.[22]
Epistemología y método
Múltiples fuentes sostienen que la psiquiatría a menudo se basa (implícita o explícitamente) en los supuestos de objetividad independiente del observador de la física clásica, mientras que las metáforas informadas por la cuántica ponen en primer plano la participación del observador, la dependencia del contexto y los límites del realismo de descripción única.[26, 27] Un estudio empírico/metodológico afirma explícitamente que, aunque los principios de la mecánica cuántica reemplazaron a los newtonianos en la física, la psiquiatría continúa aplicando principios newtonianos «en los modelos de la mente y sus enfermedades», y enmarca las ideas cuánticas como potencialmente más consistentes con la experiencia de los clínicos sobre los roles de los observadores y las relaciones interpersonales.[26]
Empíricamente, esa misma línea de investigación informa que se presentaron a psiquiatras escenarios clínicos correspondientes a principios físicos cuánticos frente a clásicos, y que los encuestados fueron significativamente más propensos a calificar los escenarios de «principios cuánticos» como consistentes con su experiencia, informando de la diferencia observada.[26] La existencia de tales hallazgos se interpreta frecuentemente como un respaldo a la plausibilidad (como mínimo) de las metáforas derivadas de la cuántica para fenómenos clínicos que involucran la participación del observador y la complejidad relacional, en lugar de demostrar cualquier mecanismo cuántico literal en el tejido neural.[26]
Las críticas epistemológicas también surgen dentro de los debates más amplios sobre la filosofía de la ciencia en la psiquiatría: un artículo sostiene que la psiquiatría biopsicosocial (cuando se fundamenta en analogías entre la teoría de redes neuronales y la mecánica estadística clásica) está plagada de «tensiones e inconsistencias» sobre la «causalidad, la escala física y la objetividad», y propone un paradigma post-clásico fundamentado en principios cuánticos como una fuente potencial de una mejor «adecuación explicativa» y «coherencia teórica».[28] Otro comentario sugiere que la tensión de la psiquiatría entre el dogmatismo y el eclecticismo puede «no tener solución» más allá de una «psiquiatría basada en métodos» que utilice diferentes métodos para diferentes propósitos, al tiempo que plantea la posibilidad de una teoría integrada del cerebro y la mente «basada en conceptos de mecánica cuántica» para abordar la transición del procesamiento neuronal paralelo a la experiencia mental secuencial.[29]
Varias fuentes enmarcan estos temas no simplemente como retórica clínica, sino como un problema general de construcción de modelos bajo complejidad: una afirma explícitamente que «el observador se convierte así en un constructor de modelos, un gestor de la complejidad», dotando al tratamiento del carácter de una «relación verdaderamente empática», y contrasta las metáforas reduccionistas de «edificio» con las metáforas de «red» de la teoría de la complejidad que enfatizan las relaciones y la apertura dinámica.[18]
Cognición cuántica y modelos formales
Una tradición distinta (y comparativamente más disciplinada técnicamente) utiliza la probabilidad cuántica, la lógica cuántica y formalismos relacionados para modelar datos cognitivos y conductuales que violan la probabilidad y la lógica clásicas, y estos enfoques se posicionan a veces como directamente relevantes para la evaluación psiquiátrica y la psiquiatría computacional.[20, 30] En esta tradición, una motivación es que «las leyes de la lógica y la probabilidad clásicas son violadas sistemáticamente» por los fenómenos cognitivos, y que los datos cognitivos pueden exhibir un «efecto de interferencia probabilística», lo que motiva la aplicación del aparato matemático cuántico a la cognición y la toma de decisiones.[20]
Un constructo clave es la complementariedad en el juicio y la respuesta a preguntas: un relato define la complementariedad en términos de condiciones de medición mutuamente excluyentes donde «la secuencia u orden de las mediciones importa», y aplica esto a los efectos del orden de las preguntas psicológicas (por ejemplo, juicios de honestidad) donde no se pueden medir ambas respuestas simultáneamente y donde el orden afecta a las respuestas.[31] En ese mismo relato, la incompatibilidad implica un compromiso similar a la incertidumbre (la certeza sobre una respuesta implica incertidumbre sobre la otra) y una limitación similar a la superposición (no se puede estar seguro de ambas simultáneamente), mapeando estos explícitamente al «principio de incertidumbre» y al «principio de superposición» de la teoría cuántica.[31]
Un marco de modelado relacionado, el Cerebro Predictivo Cuántico, establece que «las predicciones top-down y la evidencia bottom-up son complementarias», de modo que determinar un estado requiere aceptar una «incertidumbre no reducible» sobre el otro, y vincula esta complementariedad con la no conmutatividad de las mediciones cuánticas.[21] Metodológicamente, afirma que un marco bayesiano es inadecuado para «puntos de vista inconmensurables» y, en su lugar, utiliza el lenguaje de medición proyectiva y colapso para modelar las actualizaciones de estado bajo sorpresas no convencionales y experiencias contemplativas.[21]
Finalmente, se proponen aplicaciones explícitamente psiquiátricas a través de la teoría de la decisión cuántica y la probabilidad cuántica: un artículo aboga por la «importancia de emplear la teoría de la decisión cuántica en la psiquiatría» y ofrece un ejemplo de aplicación a la investigación del autismo, mientras que otro trabajo enmarca la probabilidad cuántica como útil para modelar el comportamiento dada la prevalencia de la incertidumbre en la interacción humana con el mundo y destaca los efectos de orden como un dominio de aplicación clave.[30, 32]
Críticas y advertencias
Una advertencia repetida es que la terminología cuántica puede seguir siendo metafórica a menos que se construya un puente matemático o empírico sustancial: un análisis concluye que los paralelos entre la mecánica cuántica y la psicología «parecen insuficientemente fundamentados», afirmando que la terminología cuántico-física en la comprensión de la experiencia mental «no alcanza el nivel de teoría científica, permaneciendo como una metáfora», aunque sigue afirmando que «la psicología cuántica tiene un potencial predictivo».[6] Otra fuente distingue de manera similar entre el valor de los modelos «como metáforas» y los «problemas intratables» que surgen cuando las metáforas se toman como «explicaciones literales de la realidad».[33]
Una crítica adicional se refiere a los estándares de evidencia para las afirmaciones mecanístico-cuánticas en la psiquiatría y la investigación de la conciencia: un texto orientado a la neuropsiquiatría afirma que las teorías cuánticas de la mente/cerebro/conciencia son «simplemente modelos, teorías y supuestos», y enfatiza que «no hay experimentos convincentes que respalden sus afirmaciones», aun cuando caracteriza los paradigmas neuropsiquiátricos convencionales como incompletamente adecuados.[34] Algunos enfoques de orientación clínica también califican explícitamente su base científica como especulativa mientras apelan a las literaturas de la teoría cuántica de la conciencia y de la visión remota/mediumnidad como posible evidencia de apoyo, subrayando el riesgo de deriva conceptual desde el modelado disciplinado hacia dominios altamente especulativos.[35]
Al mismo tiempo, varios autores intentan explícitamente prevenir el «misticismo cuántico» subrayando que el valor de los principios cuánticos puede ser metafórico y heurístico: un artículo enfatiza que los principios cuánticos pueden servir como «herramientas metafóricas para aprehender fenómenos psicológicos intrincados» y afirma explícitamente que esto no implica una «alineación literal del funcionamiento cerebral» con la mecánica cuántica, al tiempo que señala que las variables psicológicas son diversas e interconectadas de maneras que hacen que la cuantificación sea un desafío en comparación con la física.[5]
Aspectos comunes
A través de la literatura heterogénea, surgen varios aspectos comunes transversales que resultan relativamente robustos (incluso cuando los autores no están de acuerdo sobre los mecanismos literales).[5, 28] La siguiente tabla resume un pequeño conjunto de motivos recurrentes «inspirados en la cuántica» y los tipos de objetivos psiquiátricos/psicológicos que se utilizan para iluminar.
- En primer lugar, la epistemología del participante-observador aparece tanto en la teoría psicoanalítica (que abandona la neutralidad) como en los relatos de la medición cuántica que rechazan explícitamente un experimentador/observador neutro, creando un énfasis compartido en la necesidad de incluir al investigador/clínico en la descripción de lo observado.[8, 37]
- En segundo lugar, la complementariedad funciona como un pluralismo estructurado: la necesidad de múltiples perspectivas incompatibles pero necesarias se utiliza para enmarcar los enfoques de doble aspecto mente-cuerpo, bioquímico-psicológico y médico-psicoterapéutico como requeridos conjuntamente pero no realizables simultáneamente en una sola descripción.[12, 14]
- En tercer lugar, la indeterminación y la superposición proporcionan un lenguaje formal y metafórico para la incertidumbre profunda en la cognición y para las experiencias psiquiátricas donde la articulación o el cuestionamiento parecen cristalizar una trayectoria entre múltiples posibilidades.[19–21]
- En cuarto lugar, la dependencia del contexto y los efectos de orden —formalizados mediante la no conmutatividad y la interferencia en la cognición cuántica— ofrecen una forma de modelar por qué el orden de las preguntas, observaciones o intervenciones puede cambiar la respuesta psicológica observada, un fenómeno directamente relevante para la evaluación y el proceso terapéutico.[20, 21, 31]
- En quinto lugar, el holismo y la «totalidad» recurren como un paralelo motivador: el énfasis de la teoría cuántica en la totalidad se propone como relevante para la psicopatología donde el «colapso de la unidad en el dominio mental» es una característica clave, y esto motiva los intentos de tender puentes entre las propiedades mentales subjetivas y los procesos cerebrales físicos a través de constructos informativos-teóricos u ontológicos (por ejemplo, bohmianos).[38, 39]
10. Conclusión
Tomadas en conjunto, las fuentes revisadas respaldan una imagen en la que la física cuántica funciona en la psiquiatría principalmente como un repertorio de metáforas epistemológicas y metodológicas —participación del observador, complementariedad, indeterminación, dependencia del contexto y acoplamiento holístico— utilizadas para articular los límites de la objetividad y la necesidad de descripciones plurales en la ciencia clínica.[6, 8, 13, 31] La literatura también sugiere que cuando las ideas cuánticas se utilizan como herramientas formales disciplinadas (probabilidad cuántica, modelos basados en la complementariedad, teoría de la decisión cuántica), pueden generar modelos verificables de la cognición y el juicio bajo incertidumbre que pueden ser relevantes para la evaluación psiquiátrica y la psiquiatría computacional, especialmente para los efectos de orden y fenómenos de tipo interferencia en las respuestas.[30–32]
Al mismo tiempo, múltiples autores advierten explícitamente que la terminología cuántica en psicología puede seguir siendo «una metáfora» sin un modelo matemático maduro de la psique y que las extensiones especulativas pueden superar a la evidencia, subrayando la importancia de separar el valor heurístico de las afirmaciones de mecanismos cuánticos literales en el cerebro.[6, 34] Una lectura equilibrada de esta literatura trata, por tanto, los enfoques inspirados en la cuántica como más productivos cuando (i) aclaran los límites epistémicos y la interacción clínico-paciente en la práctica y (ii) proporcionan herramientas probabilísticas formales para modelar fenómenos cognitivos y de decisión que se resisten a los relatos clásicos, mientras tratan las afirmaciones mecánicas y las interpretaciones clínicas no locales como hipótesis que requieren un apoyo empírico proporcionado.[5, 6, 24]